Desdetres! Una familia numerosa

Desde tres hijos en España somos familia numerosa. Las aventuras de una italiana en España, madre de cuatro niños dos de los cuales mellizos sus recetas italianas, la moda infantil, la lactancia, la crianza con apego, el bilingüismo.

Follow The Author

No te quejes de tu cuerpo, odiará el suyo


Las dietas de la madre influyen sobre los problemas de alimentación, presentes y futuros, de las niñas.  Es un hecho que pocas veces consideramos cuando decidimos empezar la operación bikini o cuando nos quejamos de los cambios poco deseados en nuestro cuerpo.

La familia es el primer modelo alimentar del niño.
Las costumbres y actitudes de la familia son la base sobre la cual el niño y la niña construyen sus convicciones. 
En la relación madre-hija todo influye. Las niñas prueban el pintalabios y los tacones al igual que imitan los comportamientos de mamá.
Y si la mamá es una mujer guapa que no se rinde frente al paso del tiempo y esta constantemente a dieta y siempre delante del espejo, la misma inseguridad pasará a su hija que empezará a odiar su cuerpo y a sentirse inadecuada, además de cambiar su relación con la comida. 

La llaman "herencia de ser delgados" y es la manera en la cual las madres pasan a sus hijas sus obsesiones por la dieta y la cura de su proprio cuerpo. 
La periodista Olivia Lichtenstein, en el blog del DailyMail por el que escribe, se desahoga así: 
"He hecho que mi hija odiase su cuerpo", y cuenta como su propia madre controlase su comida, cuando era joven, y sus cambios de peso, obligándola con 9 años a su primera dieta. Y fue así que  ella tuvo una relación conflictiva con la alimentación toda la vida. 
Estos problemas con el peso, y sus constantes engordar y adelgazar, han influido directamente en que su hija, viendo a su madre constantemente a dieta, tuviese también una relación conflictiva con la comida.

Entonces que hacer? Como conseguimos no pasar a nuestros hijos nuestros problemas con el peso?
Que les decimos si comemos solo una ensalada?

Lo mejor es que nuestras hijas no nos vean constantemente con el conteo de calorías, ni con cambios bruscos de alimentación.

No te quejes delante de ella de tu cuerpo.
Nunca digas "no comeré mas hidratos de carbono" porque tu hija no debe pensar que los hidratos son malos.
Para una niña no es bueno oír a su madre decir constantemente que esta gorda.
Hay que desplazar la atención en el aspecto interior de los niños y no en el exterior y el ejemplo es nuestro primer aliado.

No soy partidaria de grandes dietas ni de obsesionarme con mi peso (ya no!), pero si quiero perder un par de kilos procuro que mis hijos no se den cuenta de ello.
Si le decimos a la niña que coma primero, segundo, verdura y fruta y nosotras solo nos tomamos una ensalada negándonos hasta un trocito de pan ella lo notará y el mensaje será: si quiero ser delgada=la mejor, como mi mama, no tengo que comer.

Si finalmente se dan cuenta de nuestra restricción calorica y preguntan tendremos que darles una explicación.
Dependiendo de la edad que tengan los niños, si te pillan comiendo con las calorías contadas les podrás decir simplemente que son cosas de mayores, de manera que se ponga una justa diferenciación entre niños y mayores.
Si a la niña ya la respuesta no le vale otra opción es explicarles los beneficios sobre la salud de la alimentación que estas llevando, por ejemplo diciendo que mamá esta REPOSTANDO verduras porque en los días anteriores se ha pasado un poco con dulces o porque contienen vitaminas que la hacen sentir mejor.
También puedes explicarle a tu hija que mama tiene un problema de salud y por esto no puede comer lo mismo que ella, o que con la edad necesitamos un aporte calorico menor.
También puedes intentar con autoironía y decir algo como "es una costumbre un poco tonta y también las mamas a veces caen en ello!"
Lo que nunca hay que hacer es pasar el mensaje que una mujer es mejor porque consigue limitar lo que come.

Pero lo mejor sería antes de todo enfrentarnos a nuestra relación con el peso y ver si realmente necesitamos adelgazar tanto.
He llegado a la conclusión de que las mujeres somos incapaces de aceptar el paso del tiempo y los cambios fisiológicos que los años y las maternidades conllevan.
Hay una aumento de peso y volumen que es natural y pensar volver a la talla y a las medidas de antes no es natural y nos llevará a una constante lucha con los kilos.

Entre los 35 y los 50 años, tiende a aumentar la masa grasa y también se modifica la distribución ya que se acumula más en el tronco que en las extremidades y en la cadera.
Aunque no haya habido embarazos puede producirse una redistribución de grasa, sobre todo en zonas pertocantéreas (cartucheras) debajo del estomago y en la parte interna de las rodillas.
El incremento de peso fisiologico en la mujer perdurará hasta los 65 años. A partir de esas edades se producirá una disminución del peso corporal.

Así que lo mejor es admitir que hemos cambiado, y ponernos unos objetivos acordes con nuestro nuevo corpo POST MATERNIDAD y con nuestra edad.

Ese peso será mas fácil de mantener una vez alcanzado, y no nos obligará a vivir renunciando constantemente o llevando un ritmo de vida que no es natural, bajo la mirada de nuestros hijos.
Una relación sana con nuestro cuerpo, con una actividad fisica constante y una alimentación equilibrada diaria será el mejor regalo que podamos hacerle a nuestras hijas (y hijos, claro esta) para su futura vida.

Hay que enseñarles a aceptar los cambios físicos que les esperan en la adolescencia y no podremos enseñarles a aceptarlos si han visto que nosotras no aceptamos los nuestros y que estar delgados es lo mas importante para conseguir aceptación social.















Comparte

No hay comentarios :

Publicar un comentario